Corporate & Business,  Leadership,  Personal Development

¿Y tú qué propones?

❝Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú.
Donde haya un error que enmendar, enmiendalo tú.
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú.
SÉ TÚ EL QUE APARTA LA PIEDRA DEL CAMINO
❞

✒️ Gabriela Mistral

Hay una frase que he escuchado muchas veces trabajando en entornos corporativos.
Incluso también la he utilizado yo alguna vez.

“Esto tiene que venir de arriba.”

Esta frase es estupenda porque te permite ganar tiempo, no equivocarte demasiado y, sobre todo, tener a alguien a quien responsabilizar si finalmente no ocurre nada. Pero en una multinacional “arriba” también tiene un arriba. Y a veces el de arriba del de arriba… también está esperando.

Con el tiempo he aprendido a desconfiar de esa espera. No porque crea que todo se puede decidir desde cualquier sitio. Evidentemente hay decisiones que necesitan aprobación, recursos y alineamiento con una visión corporativa. Pero una cosa es necesitar una decisión y otra muy distinta esperar a que alguien piense por ti.

¿Y TÚ QUÉ PROPONES?

No qué está mal. Eso normalmente lo vemos todos.

No quién debería arreglarlo. Para eso somos extraordinariamente creativos.

Qué harías TÚ.

Cómo lo harías. Qué necesitarías. Qué riesgos ves. A quién involucrarías.

Y, sobre todo, cómo conseguirías que otros entendieran que merece la pena intentarlo.

Porque una propuesta no termina cuando tienes una buena idea. En realidad, es ahí cuando empieza.

Hay que ordenarla. Contrastar si tiene sentido. Hablar con otros. Escuchar cosas que no querías escuchar. Cambiar una parte. Defender otra. Simplificarla. Buscar aliados. Y después conseguir explicarla.

Algo que compartimos en Presentations – Keynotes, recogiendo una idea de Patrick Winston: las IDEAS importan mucho, pero también nuestra capacidad de comunicarlas. Puedes tener una idea maravillosa. Si permanece cómodamente alojada dentro de tu cabeza, su impacto para la organización es exactamente cero.

En Execution, de L. Bossidy y R. Charan, se me quedó marcado que ejecutar tiene mucho que ver con exponer la realidad y actuar sobre ella.

ACTUAR.

No observar indefinidamente. No preparar la reunión para decidir quién debería convocar otra reunión. No crear un grupo de trabajo para estudiar la posibilidad de analizar el problema. Esto no significa necesariamente que tu propuesta vaya a prosperar. Esta parte también es importante.

A veces presentarás una idea y te dirán que no. O descubrirás (terrible momento) que tu brillantísima idea no era tan magnífica como parecía cuando estabas tú solo pensándola. “En su cabeza era espectacular“

Pero incluso ahí hay crecimiento. Porque en el proceso has tenido que pensar, estructurar, escuchar e intentar influir. Y por el camino tu propuesta ha mejorado, tú también has aprendido y tu siguiente propuesta será mucho mejor.

Por eso creo que en la espera hay poco aprendizaje; en la acción hay muchísimo.

En Range, David Epstein defiende el valor de la CURIOSIDAD y de conectar conocimientos aparentemente alejados.

Cada vez creo más en eso, pero también he aprendido que la curiosidad tiene poco valor si no termina llevándose a algún sitio.

Muchas buenas propuestas no aparecen porque alguien sea el mayor experto del mundo en algo. Aparecen porque alguien pregunta, porque propone, porque mira fuera de su pequeño trozo del organigrama conectando dos cosas que hasta ese momento nadie había conectado.

Porque se permite pensar:

“¿Y si lo hacemos de otra manera?”

Eso sí: PROACTIVIDAD tampoco significa hacer lo que a uno le dé la gana.

Hace años, en ¿Qué nos motiva?, hablábamos precisamente sobre la AUTONOMÍA como una de las necesidades que ayudan a construir compromiso: tener capacidad para decidir sobre nuestro trabajo. Sigo pensando lo mismo.

Pero la autonomía funciona cuando hay contexto, responsabilidad y un destino compartido.

Autonomía sin alineamiento es caos, un reino de taifas.
Alineamiento sin autonomía es burocracia.

Y sospecho que ninguna de las dos cosas es especialmente estimulante.

Quizá por eso hoy me interesa menos la pregunta: “¿Qué quieren que haga?”

Y bastante más estas otras:

“¿Qué creo que deberíamos hacer?” “¿Cómo puedo ayudar a que ocurra?” “¿Cómo puedo mejorar la propuesta que tengo delante?”

Porque INFLUIR no consiste únicamente en conseguir que acepten tu idea. También consiste en hacer mejor la idea de otro.

Y eso exige curiosidad, generosidad y bastante menos ego del que normalmente llevamos de serie.

Gabriela Mistral lo explicó mucho mejor y con bastantes menos palabras.

Si hay una piedra en el camino, intenta apartarla.

Quizá no puedas.

Quizá pese demasiado.

Quizá necesites ayuda.

Quizá incluso descubramos que la piedra estaba ahí por una razón y era mejor no tocarla.

Pero, al menos, habremos hecho algo bastante más interesante que quedarnos mirándola esperando instrucciones.

Acción.
Aunque imperfecta.

Porque moverse es aprender.
Y proponer también es asumir tu parte de responsabilidad.



📚 Lecturas detrás de esta reflexión

Execution: The Discipline of Getting Things Done, de Larry Bossidy & Ram Charan.
Sobre convertir estrategia en acción, accountability y enfrentarse a la realidad.

Range, de David Epstein. Uno de mis libros favoritos.
Sobre amplitud, curiosidad, pensamiento analógico y la capacidad de conectar conocimientos diferentes.

Change Your World, de John C. Maxwell & Rob Hoskins.
Sobre pasar de observador a participante activo y convertir intención en acción.

Why Motivating People Doesn’t Work… and What Does, de Susan Fowler.
Sobre autonomía, competencia, relaciones y motivación.